Hace poco más d e un año, se publicó el libro AI Superpowers de Kai-Fu Lee, en el que se analizan las implicaciones de la IA en el mundo empresarial y las oportunidades que ofrece para las empresas. En el libro, Lee presenta una visión optimista de la IA, argumentando que la tecnología puede revolucionar la forma en que las empresas operan y crecen.
Sin embargo, en muchas ocasiones hemos visto cómo la IA ha tomado un rumbo diferente, y no siempre positivo.
Concretamente, me gustaría acotar ese artículo a las implicaciones de la IA en el mundo del desarrollo de software, ya que es el contexto en el que me desenvuelvo cada día.
La construcción de software no es un proceso lineal, no es simplemente fabricar putos tornillos.
La construcción de software no es un proceso lineal, no es algo que se pueda reducir a una fórmula o a un proceso repetitivo. La construcción de software es un proceso complejo que requiere una gran cantidad de habilidades y conocimientos; no es simplemente fabricar putos tornillos.
Esto es complicado de explicar y visibilizar en un mundo, el del desarrollo de software, donde apenas cuenta un porcentaje mostrado en una presentación de PowerPoint. Como podéis imaginar, donde lo que importan son las cifras de ingresos o de inversión, lo que no cuentan son las personas.
Me gustaría hablar de las implicaciones éticas de usar una herramienta que, para estar operativa y ser funcional, ha requerido apropiarse de propiedad intelectual de programadores de todo el mundo. Me gustaría hablar de que, por muy buena herramienta que sea, es una tecnología que, de momento, es extractiva en cuanto a los recursos del entorno donde se establece su infraestructura. Me gustaría hablar de muchos aspectos que hacen necesario un debate de alto nivel, pero sé que en esa batalla apenas lograría una victoria pírrica.
Así pues, hablaré de las personas; por ahora, de los desarrolladores de software e ingenieros que sufren más de lo que disfrutan una herramienta que debería permitirles hacer su trabajo de manera más eficiente y efectiva. La realidad es que también les hace sentir miedo diario, ansiedad permanente, insomnio e incertidumbre.
La incertidumbre es el peor enemigo del cerebro humano. El cerebro humano es bueno manejando certezas; por eso siempre intenta rellenar los huecos, unir los puntos, organizar un relato coherente y consistente. Llevamos ya varios años en los que la certeza se ha convertido, en el sector del desarrollo de software, en una rareza, en un animal mitológico. Es bastante común coincidir en charlas y eventos con cientos de mis compañeros de profesión y ver que no hay ninguno que no esté profundamente preocupado por su puesto de trabajo. Sus caras denotan cansancio y desilusión al enfrentar la posibilidad de que, en un corto plazo, su trabajo sea sustituido por un modelo de lenguaje (LLM). Y no estoy hablando de gente que lleve poco en el sector, sino de personas con mucha experiencia y trayectoria, gente que ha trabajado en proyectos de gran envergadura y que tiene una familia y un proyecto de vida que, hace un par de años, parecía la envidia de los demás.
No solo absorbe nuestro conocimiento de manera cuestionable, sino que también absorbe nuestra energía y nuestro tiempo de vida.
También es muy complejo mantenerse al día con la evolución de la IA y su explosión casi semanal de nuevas herramientas, capacidades y funcionalidades. La IA nos ofrece un poderoso instrumento de trabajo, pero también nos ofrece un poderoso instrumento de fatiga. De ahí mi referencia a que es una tecnología extractiva, porque no solo absorbe nuestro conocimiento de manera cuestionable, sino que también absorbe nuestra energía y nuestro tiempo de vida. Y suele pasar que, cuanto más fatigados estamos, no solo somos menos eficientes, sino que también estamos más propensos a seguir la narrativa mayoritaria. Ya tenemos bastante miedo a perder nuestro puesto de trabajo como para perder también nuestra integración y aceptación social.
La rueda no va a parar, la fatiga tampoco.
La rueda no va a parar; la fatiga, tal y como planteamos nuestro rol de hámster insaciable ante las necesidades y expectativas, no va a parar. Hay que recuperarnos a nosotros mismos, hay que recuperar nuestra integración y aceptación social bajo esta nueva realidad con una narrativa más crítica y realista, hay que recuperar nuestra capacidad de pensar y de decidir, hay que recuperar nuestra capacidad de crear y de innovar.