Mucho se ha hablado últimamente del Salario emocional como el hecho de agregar aspectos emocionales a la retribución monetaria de un empleado, que significan más para él que el dinero.
Es importante entender que esto no significa que a un profesional no se le deba retribuir acorde a su categoría, sus responsabilidades, sus habilidades o su trabajo realizado, pero si es cierto que, a la hora de retener o atraer talento, habiendo cumplido con los parámetros de retribución por categoría, convenio o funciones, las empresas suelen introducir este nuevo concepto con el fin de hacer mas competitivas sus ofertas para los ingenieros.
Ante esta nueva fotografía el otro día pensaba qué es para mi eso de Salario emocional, porque entiendo que, afortunadamente, cada uno tenemos una idea sobre qué cosas son más importantes que el dinero.
Después de pensar mucho en qué cosas afectan en mi trabajo a la hora de incrementar mi felicidad, acabé concluyendo que, sin duda, lo que más valoro de unas condiciones para mi entorno de trabajo es el ownership.
Si, entiendo que es lo más complicado de conseguir y como tal, lo mas preciado para mi. No es sencillo para algunos ceder el control, porque esto implica varias cosas importantes:
-
Estás bien de la cabeza y no tienes que acaparar el control de todo para confiar en que va a acabar bien.
-
Precisamente eso, inviertes mucho en cultivar la confianza, pero no una confianza ciega, una confianza medible y
trazable por objetivos, otra forma de entender los procesos, otra manera de manejar la responsabilidad distribuida.
Cuando en una entrevista de trabajo te hacen la pregunta de «¿Cómo llevas el tema de la responsabilidad, te genera una presión añadida?», siempre suele pasar que lo que te están queriendo decir es «¿Te supondría un problema comerte un buen marrón?».
Ante esta pregunta yo siempre suelo responder lo mismo, «Hacerme responsable de las consecuencias de una situación que he planificado tomando para ello las decisiones que he creído adecuadas, no es ningún problema», el problema viene cuando estoy obligado a hacerme responsable de las consecuencias de una situación que no he planificado y para la que no he tomado ninguna decisión que nos haya conducido a ese paraje inhóspito, el marrón.
Es en este revelador momento cuando suelo concluir con una frase muy de mi pueblo «Dame pan y llámame tonto» modificada y adaptada al contexto, que dicen en mi pueblo, modificada a «Dame ownership y llámame tonto».
Siempre sostengo muy fuerte la teoría de que en mi pueblo se inventó el agile hace ya muchísimos años atrás, que no
hay ningún problema que su resolución no se sintetice en una frase/dicho/refrán de mi pueblo.
Generalmente, las posibilidades de éxito en la entrevista de trabajo se suelen torcer a partir de contemplar el ownership como una condición Sine qua non para poder realizar mi trabajo con unos mínimos de felicidad y auto realización y autogestión.
La bendita historia del mundo, quieres a alguien en el puesto muy cualificado y preparado para decirle en todo momento lo que debe hacer, como y cuando hacerlo, pero si sale mal, él es responsable, que para eso dijo que sabia, el micro management, el modelo Faraón, el Augusto Imperator.
Es de locos, pero lo bueno de llevar en el sector tantos años, de haber pasado por mil proyectos, haber conocido a muchísimas personas en multitud de departamentos, en multitud de momentos en el timeline de un proyecto de software, es que ya aprendiste a identificar todo este sin sentido, no lo vas a revertir, pero te das cuenta que, para ti, tiene mucho valor poder tener la legitimidad a la hora de definir tu línea roja para que todo ese 7.5 en la escala de Richter no te afecte.
En conclusión, si en algo he de invertir o valorar la diferencia en cuanto a salario de varias ofertas es en salud mental y, al menos para mi, esto significa, dame ownership y llámame tonto.